La agencia local de desarrollo, aquella que te ayudaba a crear empresas en esta ciudad muerta, ha cerrado. No les ha debido ir bien el negocio y han puesto en alquiler el local donde se encontraba. Ahora, en la fachada bien rotulada de su oficina, se ve claramente, por fin, cuál es nuestro futuro.
Pues ya se sabe, debemos encaminarnos hacia el futuro de la disponibilidad, con las piernas bien abiertas y el culo en pompa, para que sea lo que tenga que ser. Nunca antes había entendido tan bien sus eslóganes obsoletos.
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