Cuenta la leyenda que María Coronel era una joven sevillana, viuda de Don Juan de la Cerda, a la cual pretendía, allá por el lejano siglo XIV, el rey Pedro el Cruel. Para que el rey cesase en su intento, se dice que la mujer se tiró agua hirviendo en el rostro para terminar con su belleza. Esta es la versión más extendida. Sin embargo, hay otras crónicas que explican mutilaciones mucho más gores. En 1528 relataba el cronista Fernán Núñez:
"Esta señora doña María Coronel [...] estando su marido ausente, vínole tan grande tentación de la carne que, por no quebrantar la castidad y fe debida al matrimonio, eligió antes morir, y metiose un tizón ardiendo por su miembro natural, del cual murió"
Hay otra historia que se recrea todavía más con los detalles escabrosos:
"Hubo una dueña en estos reinos de España, la cual en hermosura sobraba a las de su tiempo; tanto, que el rey, muy aquejado de amores, la guerreaba continuo. Así que ella, no se pudiendo valer, le dijo que mientras su marido allí estuviese, ella no osaría cumplir su demanda; por lo cual, el rey le envió lejos de allí y, tornando a su recuesta, no le valían a la dueña sus muchas excusaciones. Tanto que ella, muy aquejada, le señala día y hora a que viniese a su casa, donde ella cumpliría su voluntad. Y luego ella tomó aceite hirviendo y con un hisopillo echolo por sus brazos y pechos; tanto, que aquellas gotas quemantes alzaron ampollas y, a su tiempo, aquellas quebradas, quedaron grandes llagas. El rey vino al plazo, muy alegre [...pero ella le enseña las heridas]. Y diciéndolo y descubriendo sus pechos y brazos, la cual estaba tan diforme que no era de mirar, que las llagas todas vertían sangre y viscosidad, de tal manera, que el rey volvió el rostro escupiendo, y sale del palacio con gran asco".
Yo le hubiera recomendado engordar unos cuantos kilos, y se hubiera ahorrado tanto trauma para alejar al pretendiente.
Hoy en día, se dice que es su cuerpo incorrupto el que se muestra en la iglesia de Santa Inés en Sevilla.
(Datos de las crónicas sacados de la edición de Montesinos de La corona merecida, de Lope de Vega)

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